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viernes, 31 de octubre de 2008

EL LIDERAZGO EN ACCIÓN POPULAR


No es malo que las facciones en el interior de un partido sean proyectos de líderes con nombre y apellidos. Al contrario parece ser un requisito sine quanon. De hecho, Acción Popular no ha sido la excepción.

La facción más fuerte en la historia del partido ha sido la “alvista”, no sólo por la trayectoria interna de JAO, sino por el control operativo de gran parte de los mandos intermedios del partido. El liderazgo de Fernando Belaunde también brindó su cuota al alvismo, sin el carisma de Belaunde el alvismo no hubiera sido lo que fue. La misma situación socio-política nacional también le dio un marco apropiado para su fortaleza, e incluso las formas, los usos y herramientas tecnológicas utilizadas para hacer política se acomodaban bien a la forma en que JAO hacía política. Todo eso es ahora historia. La debilidad del “alvismo” puede ser claramente contrastada en un hecho evidente: su inexistencia actual.

Los políticos son movidos a la acción política por una serie de circunstancias, dentro de las cuales siempre están razones y motivos altruistas. Tal vez por eso personalizan esas virtudes que consideran buenas: el valor, la inteligencia, la honestidad, la frugalidad, el trabajo, el don de mando, e incluso la belleza física, el carisma, la sencillez, el donde la palabra, la audacia, la gallardía, etc… Sospecho que todas esas virtudes contribuyen a la personalización (antropomorfología de la política). Lo cual no es malo, pero tampoco bueno. Es simplemente un dato de la realidad. Por eso los partidos deben fortalecer sus liderazgos internos. Aprovechando de esta forma a su favor esa calidad antropomórfica de la actividad política.

Un liderazgo siempre es una promesa. Una promesa futura de incentivos en quienes lo sustentan. Y una promesa siempre está referida al futuro. Por eso un líder tiene que tener cualidades personales que hagan creíble lo que implícitamente promete. Todos los que se aúnan a un líder esperan la materialización de esa promesa, y esa promesa es mejor si puede ser expresada, resaltada públicamente, desarrollada con la contribución de muchos, y haya un contexto y recursos (de todo tipo) suficientes para materializar tal promesa. ¿Pero qué pasa si tu líder está más preocupado en su próstata que en las pequeñas cosas que, cual ladrillos, construyen la casa política? Obviamente, ese liderazgo más que una promesa es una impostura.

No es necesariamente negativo que una corriente interna sea el desarrollo de proyectos personales. Al contrario es una necesidad real. Lo negativo es que empiece y acabe en la proyección de una personalidad. Un liderazgo real expande sus metas a metas partidarias e incluso a metas nacionales. Cuando el proyecto personal se confunde con necesidades del partido y del país, sinergeticamente. A esa escala puede atraer personas que apuesten por ese liderazgo. Y esas personas son la fuerza que necesita ese liderazgo para las actividades propias de la construcción de un proyecto. Inteligencia, sabiduría, fuerza, virilidad, audacia, carisma, expresividad… y un don propio de los favorecidos por Dios, hacen posible los liderazgos fuertes. Todo liderazgo, empero, siempre es el desarrollo de una promesa y de una farsa. Una promesa y una farsa combinadas inteligentemente, hilvanadas como filigrana en un contexto concreto del cual se alimenta, ese es un liderazgo.

En AP hay tres proto liderazgos: Lescano Anchieta, Luis Enrique Gálvez y el del cada vez más impopular “Vitocho”. Es la situación misma de la política nacional y los cojones y posibilidades personales y materiales lo que va a definir que uno de ellos se constituya en el continuador del trabajo de Belaunde y Paniagua. Un liderazgo no es una promesa en el vacío, es más bien una promesa en un contexto sociopolítico concreto. Por ello, en el futuro inmediato, Johny Lescano tiene cierta ventaja respecto de los otros dos.

El partido se va al carajo si estos señores, o al menos uno de ellos no logra concretizar su liderazgo. Vitocho al reunirse en comiditas con Lulú o con Toledo lo que está haciendo es desempeñar su rol de Presidente del partido, pero a la vez está debilitando su liderazgo como promesa. Pues sus comiditas están siendo vistas como componendas que él hace para asegurar su curul en las próximas elecciones. Es visto como que está entregando el partido a lideres cuajados de otras organizaciones, lo cual puede ser interpretado como si nuestro general se estaría rindiendo antes de empezar la batalla. Formando o queriendo formar un destacamento de un ejército que no será dirigido por uno de los nuestros. Esto es fatal en política. Alguien que hace esto, aún con la mejor intención siempre pierde. Nadie aplaude al vencido, aunque éste nos vaya a salvar la vida.

No hay que temer. Lo material desaparece, lo intangible permanece. El espíritu moderador del sistema político que representó AP, puede trasladarse a otra organización, y esta otra organización puede tener más o menos éxito político-electoral que la que le antecedió. Ya eso dependerá del contexto concreto en el cual se desenvuelva y en la calidad de sus liderazgos. Nadie es indispensable. Por eso los que se resisten a morir políticamente hacen y piensan tonterías. Hay que aceptar la vida tal como es. Somos hombres, nada más. Ya escribiré mi 2º carta pública a JAO.

Los tiempos cambian, y estos cambios tienen que ser comprendidos por quienes dirigen al partido. Los tiempos cambian … y pasan. Las organizaciones también nacen, se desarrollan, envejecen y mueren. Es la ley de la vida. Pero el mundo es tan grande que nos brinda la oportunidad de la resurrección. ¿Por qué no? Se nace, y se muere… pero también se resucita…. AP puede resucitar si algunas personas ceden su vida política. Y aún así nada garantiza nada. Es la grandeza de la vida.

Saludos

Edson Baldeón